Con sus más de 130 años de historia, en el Grand Slam parisino ha pasado de todo y repasamos algunos de los resultados más inesperados que ha deparado tanto el cuadro masculino como el femenino.
Los fans de Rafa Nadal que acudieron a su partido de la cuarta ronda del Open de Francia de 2009 todavía se preguntan por qué les tocó presenciar la única derrota que sufrió el mallorquín sobre la tierra parisina entre 2005 y 2015.
Nadie podía imaginar que, tras proclamarse campeón durante cuatro años consecutivos, Nadal sucumbiría ante un rival como Robin Söderling, quien por primera vez había pasado de la tercera ronda de un Grand Slam y tan solo unas semanas antes había perdido ante el propio Nadal por un apabullante 6-1, 6-0 en Roma.
Pero esa es tan solo una de las numerosas sorpresas que se han producido durante la larga historia del Open de Francia, un recorrido que aquí comenzamos con el precursor de todos los éxitos del tenis español.
En 1961 todos los focos se posaban sobre los tres primeros cabezas de serie: Nicola Pietrangeli, Rod Laver y Roy Emerson, los tres únicos participantes de ese año que ya sabían lo que era ganar un Grand Slam. El italiano había conquistado las dos ediciones anteriores del Open de Francia y los australianos eran los dos últimos campeones del Open de Australia. Sin embargo, ese año Manolo Santana se proclamó campeón eliminando a Emerson en los cuartos de final, a Laver en las semifinales y a Pietrangeli en la final.
Desde que en 1968 arrancó la Era Open, con la apertura de los Grand Slams a los profesionales, la primera gran sorpresa en la capital gala llegó en 1971. Margaret Court dominaba a placer con 21 títulos de Grand Slam en su haber y aquel año encaró el Open de Francia como campeona de las dos ediciones anteriores, además de haber hecho pleno en los seis majors más recientes, pero en la tercera ronda cayó ante Gail Chanfreau, una tenista que nunca pasó de cuartos en el cuadro individual de un Grand Slam.
La siguiente gran sorpresa se produjo cinco años después. Björn Borg venía de ganar las dos ediciones y partía como cabeza de serie, pero en los cuartos de final cayó derrotado ante Adriano Panatta. El italiano había estado al borde de la eliminación en la ronda inicial, donde llegó incluso a salvar un punto de partido en contra, pero acabó conquistando el torneo. Fue su único título de Grand Slam y se convirtió en el único tenista que ganó a Borg sobre la tierra de París desde que el sueco conquistó el primero de sus seis Trofeos de los Mosqueteros.
Sin haber cumplido los 18 años, el sueco Mats Wilander debutó en el Open de Francia de 1982 y lo ganó, una gesta que 23 años después emularía Rafa Nadal. El mérito añadido de Wilander es que no partía entre los 16 cabezas de serie y en su camino hacia el título eliminó a cuatro de los cinco primeros cabezas de serie. También es cierto que ese año no participaron ni Borg, campeón de las cuatro ediciones anteriores, ni John McEnroe, entonces número uno mundial.
Tras repartirse seis de las siete ediciones disputadas entre 1982 y 1988, todas las miradas se posaban en Wilander e Ivan Lendl. Sin embargo, quien pasó a la historia ese año fue Michael Chang. En la cuarta ronda remontó dos sets en contra frente a Lendl, en semifinales se impuso a Andrei Chesnokov, verdugo de Wilander en la ronda anterior, y en la final ganó a Stefan Edberg, tercer cabeza de serie, para convertirse a los 17 años y tres meses en el campeón más joven de un Grand Slam, récord que todavía mantiene.
Pero la sorpresa no solo se dio en el cuadro masculino. Por entonces Steffi Graf ya había tomado el relevo de Chris Evert, al ganar cinco majors seguidos y conquistar París en 1987 y 1988. Graf se enfrentó en la final a una Arantxa Sánchez Vicario de 17 años y la alemana llegó a servir en el tercer set para revalidar el título, pero la española remontó y ganó por 7-6(6), 3-6, 7-5.
La experiencia de Gustavo Kuerten en Grand Slams de cara al Open de Francia de 1997 era una derrota en la ronda inicial de la edición anterior y su eliminación en la segunda ronda del Open de Australia de esa misma temporada. Sin embargo, acabó proclamándose campeón en un año sorprendentemente negativo para los principales cabezas de serie.
Durante los años siguientes también se dieron varios resultados sorprendentes en París, empezando por el triunfo de Carlos Moyá en 1998, cuando en sus dos participaciones previas no había pasado de la segunda ronda.
Incluso el éxito de Andre Agassi en 1999 puede considerarse inesperado, pues por entonces parecía que su tiempo de gloria ya había expirado hacía un par de años y, en cambio, conquistó en la capital gala el único grande que le faltaba en su palmarés e inició su segunda época dorada.
En 2002 nadie podía imaginar que Albert Costa se proclamaría campeón. El año anterior había caído en la primera ronda y en ninguno de los 25 torneos de Grand Slam que había disputado hasta entonces había pasado de cuartos de final. Aunque en su camino evitó a los cinco principales cabezas de serie, en la cuarta ronda se impuso a un Kuerten campeón de las dos ediciones anteriores.
Más sorprendente todavía fue el triunfo de Gastón Claudio en 2004. El argentino llegó como número 44 del ranking y en la final ganó a su compatriota Guillermo Coria, pese a comenzar con un desfavorable 6-0, 6-3 y tener que salvar hasta dos puntos de campeonato en contra.
Ya el triunfo de Francesca Schiavone en 2010 resultó sorprendente porque la italiana partía como decimoséptima cabeza de serie y había caído a la primera en la edición anterior, pero recientemente los resultados inesperados en el cuadro femenino han aumentado tanto en número como en impredecibilidad.
Jelena Ostapenko nunca había ganado un título de la WTA cuando en 2017 se convirtió en la primera mujer desde 1933 que se proclamaba campeona del Open de Francia sin ser una de las cabezas de serie. Sin embargo, ese hito se repitió en 2020 con la victoria de Iga Swiatek, quien incluso partió en un puesto inferior al de Ostapenko tres años antes, pues la polaca llegó como número 54 del mundo y la letona alzó el trofeo siendo la número 47 del ranking.
Barbora Krejcikova rizó el rizo en 2021, cuando se proclamó campeona también sin ser una de las cabezas de serie y convertirse en la tercera mujer de la Era Open que ganó el torneo tras salvar por el camino un punto de partido en contra.
Pero Ostapenko y Krejcikova también sorprendieron negativamente en París, pues ambas cayeron a la primera al año siguiente de proclamarse campeonas, algo que durante la Era Open solo le había sucedido a la rusa Anastasia Myskina en 2005.
La lista de sorpresas sobre la tierra de París es muy extensa y ha habido varios casos de tenistas que perdieron demasiado pronto cuando intentaban defender el trono. La segunda ronda fue letal para Andrés Gimeno en 1973 ante un joven Guillermo Vilas, para Arantxa Sánchez Vicario en 1990 frente a la argentina Mercedes Paz, para Gustavo Kuerten en 1998 contra un debutante Marat Safin, para Juan Carlos Ferrero en 2004 ante el ruso Igor Andreev, para Justine Henin ese mismo año frente a la italiana Tathiana Garbin o para Serena Williams en 2014 contra Garbiñe Muguruza.
En 1984 John McEnroe ya había ganado tres veces el US Open y había conquistado Wimbledon en dos ocasiones, pero todavía se le resistía París. Ese año llegó a la capital gala como número uno mundial y habiendo ganado todos sus partidos de la temporada. Por primera vez llegó a la final del torneo y allí se topó con Ivan Lendl, perdedor de las cuatro finales de Grand Slams que había disputado hasta la fecha.
McEnroe ganó los dos primeros sets por 6-3 y 6-2, pero Lendl remontó y acabó imponiéndose. El tenista americano nunca volvió a disputar una final del Open de Francia y todavía considera esa derrota como la más dolorosa de su carrera.
Otro tenista legendario como Pete Sampras tampoco logró alzar la Copa de los Mosqueteros, pese a sus 14 títulos de Grand Slam. Lo más lejos que llegó fue en 1996, cuando en cuartos remontó dos sets en contra ante su compatriota Jim Courier, campeón de 1991 y 1992, para acceder a unas semifinales en las que sucumbió frente al ruso Yevgeny Kafelnikov.
Novak Djokovic estuvo cerca de verse en la tesitura de McEnroe y Sampras cuando en los cuartos de final de 2015 eliminó al todopoderoso Nadal para luego perder la final ante Stan Wawrinka, quien se proclamó campeón pese a caer a la primera en la edición anterior. Sin embargo, Djokovic se resarció al año siguiente para alzar el trofeo del único grande que le faltaba en su palmarés.
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