Roberto Baggio, uno de los símbolos de la historia del fútbol italiano, propuso en 2010 un plan para revitalizar el fútbol italiano y que con la nueva eliminación de Italia de una Copa Mundial vuelve a tomar sentido. Analizamos de qué se trata.
Estamos en 2010, en uno de los momentos históricos más bajos para la selección italiana de fútbol, que llegaba a la Copa Mundial de Sudáfrica como campeona vigente tras el triunfo de 2006, pero sin cumplir las altas expectativas. De hecho, en el grupo con Eslovenia, Paraguay y Nueva Zelanda, la Italia de Marcello Lippi no logra superar la fase de grupos, sufriendo una eliminación inesperada y dolorosa.
En realidad, lo que parecía ser una derrota fruto del azar fue el inicio de la crisis del fútbol italiano. En la siguiente Copa Mundial de 2014 en Brasil, la selección italiana tuvo que detenerse, una vez más, en la fase de grupos en un grupo que ciertamente no era imposible de superar, formado por Costa Rica, Uruguay e Inglaterra.
Luego sucede lo inesperado: en el Mundial de 2018, Italia no estará, ni siquiera logrará clasificarse. El partido de repesca jugado contra Suecia, que terminó 0-0, nos dejará fuera de Rusia 2018, al igual que sucederá en el Copa Mundial de 2022 en Qatar, donde la repesca perdida contra Macedonia nos negará el segundo Mundial consecutivo.
La selección italiana ha vuelto a rozar el rizo y ha caído de nuevo en una repesca que les privará de estar en la Copa Mundial de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá.
Sin embargo, volviendo a 2010, Roberto Baggio, en calidad de presidente del sector técnico de la FIGC, había intentado evitar lo que luego resultó ser una auténtica debacle del fútbol italiano, dando vida a un documento de unas 900 páginas en el que describía un ambicioso proyecto para reformar el sistema futbolístico italiano.
Inmediatamente después de la eliminación del Mundial de Sudáfrica, el entonces presidente de la FIGC, Giancarlo Abete, decidió encargar a uno de los más grandes hombres del fútbol y talentos del mundo la tarea de intentar reformar el sistema del fútbol en Italia.
Ese hombre respondía al nombre de Roberto Baggio, quien, en calidad de presidente del sector técnico de la FIGC, se comprometió a redactar un documento de unas 900 páginas, con la ayuda de consultores, cuyo objetivo era la renovación del sistema futbolístico italiano y la formación de los técnicos de las categorías inferiores y, por tanto, también de las canteras.
El plan, que según el propio Baggio pudo ser presentado solo durante 15 minutos después de 5 horas de espera, se estructuraba con varios puntos que apuntaban a resolver diversas problemáticas, desde las instalaciones deportivas hasta técnicos federales más preparados, pasando por la "relación con el balón".
Instalaciones deportivas adecuadas – En uno de los puntos fundamentales del expediente, se discutía la necesidad de dotarse de instalaciones más adecuadas para el desarrollo de los jóvenes. Se preveían unos cien centros federales repartidos por Italia, donde poder recopilar datos, observar a jóvenes futbolistas y formar a instructores federales.
Formación de instructores federales – Baggio tenía en mente "mejorar" la calidad de los instructores federales, quienes, según 'Divin Codino', deberían poseer una titulación universitaria o una trayectoria en el fútbol profesional y, sobre todo, debían tener excelentes cualidades educativas.
Reforma de las bases de datos – Entre los diversos puntos, a pesar de que estamos hablando de hace 15 años, se preveía una mejora de las bases de datos, a través de las cuales poder recopilar datos, vídeos de partidos y pruebas para el desarrollo de las canteras.
Talento y valores – Dos palabras a las que Baggio daba muchísima importancia por igual. Para él, la "relación con el balón" debía ser la base de la evaluación de los jóvenes, no solo el físico sino también la técnica. Un aspecto no menos importante eran los valores morales y la educación de los chicos, porque para el número 10, en las canteras se debían formar no solo futbolistas, sino hombres y ciudadanos responsables.
El expediente, que requirió aproximadamente un año de trabajo y fue presentado en 2011 en tan solo '15 minutos' disponibles, nunca se llevó a cabo. Los 10 millones de euros asignados por la federación nunca llegaron a las 'manos' de Roberto Baggio, que los habría utilizado para implementar el plan.
Roberto Baggio, desde su retiro, se ha distanciado mucho del mundo del fútbol, considerándolo alejado de sus valores. Sin embargo, en 2010, aceptó el encargo propuesto por la Federación para ayudar al fútbol italiano a recuperarse.
Su papel, sin embargo, debería haber sido más 'activo', como él mismo declaró en una entrevista: "No se me permitió trabajar. Mi programa de 900 páginas quedó en letra muerta. No me gusta ocupar puestos, sino hacer cosas, así que a mi pesar me marcho".
Divin Codino, así, dimitió, quejándose de un papel que no habría tenido el impacto que él hubiera deseado, y el expediente, preparado con el máximo detalle y cuidado, quedó en los estantes de una federación que quizás no estaba preparada para una reforma que, hoy en día, podría haber sido fundamental.
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