El periodista deportivo y escritor Guillem Balagué analiza el próximo encuentro entre España y Uruguay, que será su último partido de la fase de grupos de la Copa Mundial.
Muchos subestiman a Luis de la Fuente, y él siempre encuentra la manera de recordarles por qué es un error hacerlo.
Tras el empate con Cabo Verde, los números hablaban por sí solos: 64 % de posesión y 426 toques en el último tercio del campo, pero sin profundidad ni peligro real a la espalda de la defensa. España no ilusionó, y De la Fuente lo sabía mejor que nadie. Y estaba listo para encontrar soluciones.
Él mismo lo admitió: «Contra Arabia Saudí, necesitábamos más intensidad, ser más directos, tener más profundidad». Y lo más importante es que tomó medidas. Lamine Yamal fue titular por primera vez con España en una Copa Mundial; Pedri, más retrasado que en el primer partido, y Dani Olmo jugaron juntos de inicio, algo inédito hasta ahora. Además, Álex Baena aportó amplitud y agresividad por la banda izquierda.
De repente, aparecieron los desmarques de ruptura, la precisión en el pase y la fluidez. La recuperación tras pérdida era inmediata. De repente, España volvía a ser España.
Todo encajó a la perfección. Oyarzabal fue el gran protagonista individual, con dos goles y una asistencia en los primeros 24 minutos, una contribución récord a esas alturas en la historia de las citas mundialistas. Pero para entender por qué tuvo tanto espacio, hay que fijarse en lo que hacía Lamine: atraer constantemente a tres defensores, abriendo pasillos para las carreras de sus compañeros. Esa mentalidad se contagia en un equipo como la pólvora.
¡La fórmula se había recuperado! Y eso significa que no habrá muchos cambios contra Uruguay, si es que hay alguno. España aún necesita confirmar el primer puesto del grupo, para lo que le bastaría un empate. Ser líder es crucial, ya que probablemente evitaría un cruce con Argentina en las eliminatorias.
Sobre el papel, la selección de Marcelo Bielsa llegaba como una de las más potentes de Sudamérica. En realidad, la relación entre el técnico y sus jugadores lleva meses rota, algo evidente para cualquiera que preste atención. La federación lo sabía, pero optó por la continuidad, y este es el resultado: dos partidos, cero victorias.
Uruguay necesita ganar a España para seguir en el torneo. Un país que vive y respira fútbol, una plantilla con una calidad innegable, y sin embargo, no se encuentran en el campo porque el vestuario y el banquillo viajan en direcciones opuestas desde mucho antes de que empezara el campeonato. Bielsa llegó con una visión de dominio, posesión y agresividad por todo el campo, pero los jugadores no la han asimilado por completo.
La historia también favorece a España. Uruguay nunca ha vencido a La Roja en sus diez enfrentamientos previos, con un balance de cinco victorias españolas y cinco empates. Aun así, Oyarzabal advirtió sobre el exceso de confianza: «Tenemos que centrarnos en nosotros mismos y asegurarnos de que nadie nos saque de nuestro juego», declaró esta semana.
Es posible que Lamine no complete el partido, pero Nico Williams sumará más minutos, ambos recuperando su mejor versión tras sus lesiones. Esta fase de grupos ha servido para que las grandes selecciones afinen su puesta a punto.
La única preocupación para España es que Pedri está a una tarjeta amarilla de la suspensión. De la Fuente podría dar entrada a Fabián Ruiz en el centro del campo como medida de precaución. El seleccionador es lo suficientemente firme como para confiar en sus ideas y lo bastante flexible como para saber cuándo ajustarlas. Pero, como él mismo diría, si algo no está roto, no lo arregles.
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