Sergio Busquets anuncia su retirada del fútbol a los 37 años, al final de los playoffs de la MLS donde está jugando para el Inter Miami, poniendo fin a una carrera legendaria.
"Serán mis últimos meses en activo, me retiro muy feliz y agradecido. Han sido 20 años increíbles, el fútbol me ha brindado experiencias únicas junto a grandes compañeros de viaje. Agradezco al Barcelona, el club de mi vida, allí cumplí mis sueños de niño, celebré muchos títulos y viví momentos únicos en el Camp Nou".
Busquets ha conquistado 34 títulos y pronto podría conseguir el último de su carrera con el Inter Miami. 32 de estos títulos llegaron con el Barcelona. Destacan 9 ligas, 3 UEFA Champions League, 3 Supercopas de Europa, 3 Mundiales de Clubes, 7 Copas del Rey y 7 Supercopas de España. A todo esto hay que añadir también la Copa del Mundo y la Eurocopa conquistadas con la Selección Española.
¿Cuántas veces, desayunando con un café en el bar o tomando una cerveza con amigos, se ha hablado de Sergio Busquets? ¿Cómo es posible que ese jugador altísimo, casi descoordinado, siempre haya sido titular primero en el Barcelona de Guardiola y luego en el de Luis Enrique? "Busquets ha cambiado el fútbol mundial. Antes era el número 10 el que tenía que hacerte jugar bien, ahora si el equipo no funciona le echamos la culpa al número 5, pero de Busquets solo hay uno". Esta es la icónica frase de Juan Román Riquelme cuando tiene que hablar de Sergio Busquets. En muy pocas palabras, el argentino describe a la perfección la importancia del catalán dentro de la historia del fútbol. Puede parecer exagerado, pero la atípica forma de jugar del número 5 del Barça ha cambiado para siempre la concepción del rol de mediocentro organizador.
Al pensar en los éxitos del Barcelona en la primera etapa, es imposible no pensar en las genialidades de Iniesta, las geometrías de Xavi, la frialdad de Villa y el asombroso talento de Lionel Messi. En la segunda, obviamente, los recuerdos se dirigen a los regates de Neymar y los asombrosos goles de Suárez. Todo muy bonito, pero hecho posible solo y exclusivamente gracias al trabajo sucio de Sergio Busquets. "Busi" nunca fue el director de orquesta del Barcelona; más bien, se dedicó a prevenir, a dar equilibrio, a poner un parche esas pocas veces que fue necesario. Se podría pensar que su papel era el de recuperar balones, un incansable corredor por todo el campo capaz de morder los tobillos de los rivales, uno de esos con el centro de gravedad bajo y un gran remate de cabeza para hacer de pantalla. Nada más lejos de la realidad.
Busquets siempre fue lento, poco dado al dinamismo y, a pesar de sus 190 cm, también era un pésimo rematador de cabeza. El gigante de Badia, sin embargo, tenía una cualidad que le permitía dominar a cualquiera en ese puesto: la inteligencia. Nadie como él sabía posicionarse en el lugar correcto en el momento adecuado. Nada de regates llamativos, nada de tiros espectaculares desde fuera, nada de croquetas al estilo Iniesta, nada de pases milimétricos al estilo Xavi. Muchos, muchísimos pases cortos y precisos. El motor inmóvil del Tiki Taka. El origen de un sistema perfecto que se esconde en la penumbra. Nadie como él simplificaba el trabajo de todos los demás. Un jugador así le quitó el puesto a Yaya Touré que, técnica y físicamente sobre el papel, era superior en todo, pero ningún engranaje resultó más fundamental que Busquets en aquel Barcelona.
Incluso cuando llegó Mascherano del Liverpool, uno de los mejores mediocentros del mundo en ese momento, no logró destronar a Busquets y tuvo que adaptarse a la defensa para encontrar su sitio. Ningún otro sabía atraer la presión rival casi hasta su propia área de penalti, hacer fallar al oponente con un pase y con el más simple (no fácil) de los regates: moviendo el balón en el momento justo.
Busquets ha sido uno de esos placeres extraños de la vida que al principio no logras entender y luego se convierten en una caricia a la que es difícil renunciar. Como el café o la cerveza. Precisamente aquellos que te han permitido hablar de él con los amigos. Al principio te preguntas por qué gustan tanto a todos estas dos bebidas (o Busquets) y luego, con el tiempo, aprendes a apreciar sus matices hasta el momento en que se vuelve casi imposible renunciar a ellas. Busquets es como la música en una fiesta, fundamental pero a menudo dada por sentada. Solo te das cuenta de ella cuando la quitas, y aun así contribuye a crear el ambiente. Busquets nunca ha sido exuberante, nunca fuera de lugar. Nada de redes sociales, un aspecto pulcro y mucha concreción. Busquets nunca ha sido un gin tonic en una discoteca o una Piña Colada en una playa paradisíaca. Busquets ha sido el café de todos los días y la cerveza del bar de la esquina: nunca decepciona, bueno, cómodo y, sobre todo, siempre fiable.
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